2 de junio de 2012

Candidatos reales o imaginarios.


Por: Antonieta B. de De Hoyos

Toda acción humana tiene fondo ético, es parte esencial de la persona, por eso cuando se ingresa al gremio político y no se ostentan estos valores, es muy probable que no se respeten principios fundamentales como los derechos humanos y constitucionales de los ciudadanos.  Al carecer de ética personal se cae más fácilmente en el abuso de poder, en la corrupción, en el nefasto nepotismo que ensombrece toda tarea política.

Entrar en este delicado terreno es caminar por el sendero del servicio al prójimo, a la comunidad, es convivir con otros; más no para buscar el beneficio propio. Por supuesto que se tiene derecho a un ingreso por su trabajo y a un nivel de vida adecuado, pero sin olvidar que este no es un lugar para acrecentar fortunas a corto plazo. 

En la actualidad existen dos clases de candidatos: uno real y otro el imaginario o ideal. El candidato real en su estrategia de campaña, negocia la personalidad del candidato ideal, intentando parecerse lo más posible al candidato que los votantes desean. A esta labor se le llama asesoría de imagen, metamorfosis que realizan los expertos en el perfil del candidato real y es este acoplamiento el que provoca que, cada dos o tres semanas los partidos cambien de estrategias en sus campañas.

Las sociedades demócratas modernas, enfrentan el problema de evaluar las virtudes de los candidatos, que garanticen el mejor desempeño en los puestos públicos, desafortunadamente hoy las virtudes de un buen candidato, no son precisamente las de un buen gobernante.

Por esa razón en los países hispanos han aparecido voces de alarma, en las que se reconoce que más que políticos y estadistas, el sistema electoral está produciendo muy buenos “campañistas”, convertidos casi en actores por los numerosos spots de radio y televisión que protagonizan.
  
Ser una persona honesta, de mente lúcida e ilustrada, poseer eso que llamamos alma, ser dueño de un espíritu fuerte y de  servicio, sentir con ímpetu amor por la nación, hablar y actuar siempre con la verdad y profesar sin distinción, amor por sus semejantes, son algunas de las cualidades que debiera poseer todo candidato que no desee decepcionar a sus electores.

Debido a tanta muestra de corrupción en los gobernantes recientes, el pueblo desconfía de todos, no cree en nadie, por eso hoy es imprescindible conocer la vida privada y pública de cada candidato. Conocer a fondo su niñez, su juventud, su actuar como padre de familia y esposo, en sus relaciones sociales, empresariales y como funcionario público, a la gente no le interesa lo que piensa hacer, le interesa saber lo que ha hecho a través de los años.

No mas estrategias y asesores de imagen, queremos un candidato real con virtudes y  defectos, elegirlo, será responsabilidad nuestra. No mas falacias, mercadeo, ni historias inventadas, ¡exigimos veracidad! porque sabemos que apoyados en la verdad, seremos legítimamente libres.

No hay comentarios: