4 de diciembre de 2011

Leerlo es una buena opción.


Por: Antonieta B. de De Hoyos

Sacudiendo el polvo de unos estantes, llamó mi atención un libro pequeño de color celeste, con letra grande y dibujos ilustrativos que se titula “El Memorándum de Dios” de Og Mandino. Al abrirlo me di cuenta de que había subrayado con marca textos las frases más importantes, lo que me facilito recordar con rapidez la esencia de lo leído, así hubieran transcurrido más de tres décadas. En estas páginas el autor narra la conversación que Dios sostiene con un hombre que se lamenta de su desdicha, de lo mal que le va, y para colmo le culpa a Él de su fracaso. Para aclarar la situación Dios le dicta las siguientes cinco leyes:

Primera Ley.- Cuenta tus bendiciones. Físicamente te doté de todo, puedes hablar, oír, caminar, amar y ser amado. Tienes un corazón, sangre, venas, piel, pulmones, cerebro,  en prefectas condiciones que te permiten oler, respirar, saborear, admirar. Tú eres mi mejor creación.

Segunda Ley.- Proclama tu individualidad.  Nunca ha habido sobre la tierra nadie igual a ti ni lo habrá jamás. No te esfuerces en caminar como tu hermano, en hablar como tu líder, jamás hagas lo que los demás, porque podrías estar imitando lo malo; se tu mismo, demuéstrale al mundo tu individualidad y te cubrirás de oro.

Tercera Ley.- Camina un Kilómetro mas. Quién te invite a caminar un kilómetro, acompáñalo dos. Presta más y mejores servicios de los que esperan de ti. Si solo haces por lo que te pagan, serás mediocre. Permite que yo sea tu deudor, entonces sabrás que cada minuto, cada esfuerzo de un servicio adicional te será pagado con creces y mientras más me tarde en hacerlo, mejor. Tenemos un mundo que debemos reconstruir y para  eso nos necesitamos los dos. Para ello te doté de poderes desconocidos para cualquier otra criatura del universo: te di el poder de pensar, de amar, de reír, de crear, de hablar, de orar; fuiste un ser viviente completo capaz de controlar su propio destino, de manejar su vida por el pensamiento y no por el instinto. 

Cuarta Ley.- El poder de elección. Te agregué el poder de elegir, te toca a ti emplear con sabiduría este nuevo poder: elige amar en vez de odiar, elige reír en vez de llorar, crear en vez de destruir, curar en vez de herir, dar en vez de robar, crecer en vez de corromperte, orar en vez de maldecir, vivir en vez de morir.  Ahora ya sabes que tus desgracias no fueron mi voluntad, sino la tuya. Eres un ser humano digno, puedes hacer maravillas, tu potencial es ilimitado.

Quinta Ley.- Has todo con amor. Amor a ti mismo, amor hacia los demás, amor hacia mí. Enjuga tus lágrimas, estira tu mano, toma la mía y mantente erguido. El amor ágape es sublime, se entrega al otro sin interés, es el amor propio de los cristianos que se convierte en caridad, misericordia y compasión. La comprensión cristiana del amor va más allá de cualquier sentimentalismo, es el centro mismo del cuerpo. Amar es meter al otro en mi corazón.                         El corazón de Jesús se nos ha dado para amar de esa  manera ya que con nuestro propio corazón sería imposible. Revivamos ese amor, en este maravilloso tiempo de Adviento.

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