1 de febrero de 2012

Empezar un año, es regalo divino.


Por: Antonieta B. de De Hoyos

Pensamos en todo: comida, bebida, amigos, familiares, lugar, música, uvas, cerveza, tequila y más, pero no nos detenemos a pensar, que si estamos presentes al  sonar  las doce en la última medianoche  del  año, es por la gracia divina.

Dar término a un año de vida, debe ser un momento de gran  valor que no podemos echar a perder. Es ese momento en el que aún y cuando estemos dentro de un tremendo bullicio, escuchamos esa  voz que nos invita a cambiar, a  intentar de nuevo ser mejores personas, mejores seres humanos, mejores cristianos.

Es esta inquietud que despierta la Nochevieja, la que no debemos dejar escapar, porque no la percibimos  todos los días.  Son instantes mágicos que nos recuerdan lo que ya no puede ser y lo que si puede ser si nos esforzamos; es la llamada a querer ser otro, a ser distinto, ese deseo es lo que debemos atrapar con todas nuestras fuerzas, para hacerlo realidad.

Cuando el año empieza nos llenamos de energía y dejamos volar nuestra imaginación hacia el bello mundo de las ilusiones, sentimiento que nos permite soñar que este año que comienza será el mejor de nuestra vida, porque estamos seguros de que si nos lo proponemos, lo lograremos.

El año nuevo es una oportunidad más para transformar la vida cotidiana en  algo distinto. Porque si quiero  algo diferente debo hacer las cosas bien y seguirlas haciendo hasta obtener un buen final.  Quizás  el año que termina me dejó mal sabor de boca, pero  éste va a ser distinto, quiero que así sea, es un deseo, es un propósito y no lo voy a malograr, hoy tengo otra oportunidad que  no desperdiciaré, porque sé que la vida es efímera.

El tener la esperanza de que este nuevo amanecer, sea el que marque la diferencia entre el ayer y el hoy, es dar un paso en la superación humana. El luchar por arrancar el egoísmo que tanto daña en el hogar, en la familia, entre las parejas, en el trabajo; augura el mayor de los éxitos.

Pero no debemos olvidarnos de recuperar  la fe,  esa fe olvidada llena de polvo. Es preciso que nos esmeremos en poner más oración en el día a día. Si ya nos cansamos de vivir como hasta ahora, quiere decir que ha llegado el momento de cambiar el rumbo de tomar un nuevo estilo de vida, de vaciar las manos y colmar el  espíritu.

Los pesimistas recuerdan solo las temporadas grises de su vida y piensan que sucedieron porque son personas mediocres. Los optimistas, los que tenemos a Dios en nuestro corazón hacemos lo contrario,  tomamos estas experiencias como motivo para el cambio radical positivo, diciéndonos: “Me niego a seguir así, quiero una vida mejor, voy a luchar por ella, quiero empezar de nuevo”. Un  año recién salido de las manos del Creador, es un tiempo para estrenar, ¿Qué vamos a hacer con él? la respuesta está en nosotros.

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