7 de junio de 2012

Necesitamos Quijotes

Por: Ramón de la Peña Manrique


Nuestro País necesita, hoy más que nunca, caballeros andantes, hombres y mujeres, para cambiar el rumbo de nuestras comunidades.

Don Quijote, ese personaje inventado por Miguel de Cervantes, fue un ser generoso que un buen día decide dar su vida por los demás y luchar por todas las causas perdidas que pudiera encontrar en su camino.

La locura de este personaje descrita por Cervantes se distingue por su gran generosidad que lo conduce a olvidar sus intereses personales y familiares para lanzarse por esos caminos de Dios a "desfacer entuertos" y apoyar a los más necesitados.

Qué excelente sería que los candidatos a los diferentes puestos de elección popular tuvieran esa intención que tan bien describe Cervantes en su Quijote. Esa intención, ese modo de ser, se destaca en varios de los diálogos que Don Quijote tiene con Sancho Panza.

Me encanta lo que Cervantes dice a través de Don Quijote con respecto a lo que debemos tener en cuenta para nuestra transformación personal y familiar y para nuestro comportamiento en la vida empresarial, comunitaria o política:

"Advierte, Sancho, que hay dos maneras de hermosura: una del alma y otra del cuerpo", escribe Cervantes. "La del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad y en la buena crianza, y todas estas partes caben y pueden estar en un hombre feo, y cuando se pone la mira en esta hermosura, y no en la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetu y con ventajas".

Yo espero que uno de los sueños de Don Quijote sea una plena realidad en nuestro País:

"Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca".

Pero para lograrlo necesitamos que todos nosotros tengamos un poco o un mucho de la locura del Quijote: la locura de la paz, del perdón y del querer participar en el proceso de cambio de nuestra comunidad, en vez de la locura de la guerra, del miedo, de la corrupción y de culpar a los demás por lo que nos está pasando.

Esto sin olvidar los consejos que Don Quijote le da a Sancho antes de que fuera a gobernar a la ínsula, descritos en la segunda parte de "Don Quijote de la Mancha":

1. Cuidado con la soberbia, al decirle: "Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey".

2. Aplica la justicia con sensibilidad y sin arbitrariedad: "Nunca te guíes por la ley del encaje [nunca juzgues con arbitrariedad]... [Que] Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones [las alegaciones] del rico... Y si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva [del soborno], sino con el de la misericordia".

3. Nunca pierdas la objetividad al atender los asuntos del Estado: "Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo, aparta las mentes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso... Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros".

Dicen que del dicho al hecho, para cambiar al País, hay mucho trecho. Yo les digo que para lograrlo necesitamos seleccionar Quijotes este primero de julio que sean capaces de cumplir con lo prometido, de pasar del dicho al hecho para cumplir con las normas y reglamentos vigentes, cumplir con la tarea estipulada en el tiempo y con la forma prometida y, sobre todo, con los valores esperados en ellos: legalidad, honradez, lealtad, eficiencia y respeto al derecho de los demás.

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